alfalfa

La alfalfa: características, propiedades y usos

La alfalfa, conocida también como mielga, es una especie perteneciente a la familia de las fabáceas o leguminosas.

Su nombre en latín, Medicago sativa, tiene su origen en el vocablo mědǐca, que fue tomado del griego μηδιχή πόα. El origen de esta palabra está en la hierba de Media (en persa Mâda), imperio asiático que coincidiría actualmente en su parte norte con Irán. Por su parte, la palabra alfalfa procede del término árabe alfáṣfaṣ, que a su vez proviene de la palabra fiṣfiṣah (en árabe clásico) y ésta de la denominación aspast, en pelvi.

Características de la Medico sativa

Esta planta perenne, como la mayoría de especies del género Medicago, es de tipo arbustiva, aunque esta especie puede llegar a alcanzar los 90 cm de altura. En cuanto a su floración, ésta se produce entre los meses de abril y octubre, y sus pequeñas flores hermafroditas y moradas se presentan en racimos. Sus flores son todo un desafío para las abejas, que deben llevar a cabo el “desenlazado de la flor” para obtener el néctar. La abeja debe empujar con su cabeza la base de la estructura floral para liberar la columna sexual de la alfalfa, que golpea en su cabeza depositando el néctar. Sin embargo, en muchas ocasiones las abejas acaban aprendiendo a libar el néctar sin presionar el fondo de la flor, ya que esto supone una molestia para ellas.

La alfalfa posee una raíz pivotante que puede llegar a alcanzar los 4 metros de profundidad en busca de agua. De ahí que se hable de su buena tolerancia a la sequía, ya que cuenta con un sistema radicular muy desarrollado. Por este motivo se recomienda su plantación en terrenos profundos que no sean muy ácidos.

Su tallo erecto y consistente la hace fácilmente cosechable. Y aunque la alfalfa es capaz de germinar con temperaturas de 2 o 3 grados, su punto óptimo está en 28-30ºC. Igualmente, es capaz de tolerar heladas de hasta -15ºC, por lo que es considerada como un cultivo realmente resistente a las inclemencias meteorológicas.

Propiedades de la alfalfa

La lista de beneficios y propiedades de la alfalfa es realmente larga. Para entenderlo mejor, aquí tenéis su composición:

  • Ácidos: ascórbico, cítrico, fumárico, málico, oxálico, succínico.
  • Alcaloides: betaína, estaquidrina.
  • Vitaminas: Vitamina C, Biotina (vitamina H y B7), Vitamina B: Colina, Folato, Niacina (vitamina B3), Inositol, Ácido pantoténico (vitamina B5), Riboflavina (vitamina B2), Tiamina (vitamina B1), Piridoxina (vitamina B6); Vitamina A en forma de betacarotenos, Vitamina D, vitamina K.
  • Fibra: no soluble y soluble como la Pectina.
  • Proteínas vegetales
  • Saponinas (glucósidos oleosos).
  • Taninos.
  • Pigmentos: Clorofila, Xantofila.
  • Fitosteroles: Campesterol y Estigmasterol.
  • Isoflavonas: Genisteína.
  • Aminoácidos : triptófano, arginina, asparagina.
  • Minerales: aluminio, boro, calcio, cromo, cobalto, fósforo, hierro, magnesio, manganeso, potasio, selenio, silicio, sodio y zinc.

Lógicamente con semejante cantidad de sustancias beneficiosas para nuestra salud, el principal uso de los brotes de alfalfa es medicinal. Es un excelente antiinflamatorio, antibacteriano y antioxidante. Es capaz de combatir la anemia y evitar las infecciones urinarias (cistitis). Además tiene un efecto directo sobre la salud capilar, haciendo nuestro cabello mucho más fuerte y retrasando su caída. Precisamente por sus cualidades antiinflamatorias resulta muy indicada contra los dolores menstruales y la artrosis. Además, y, por si fuera poco, puede ayudarnos a regular el colesterol, gracias a sus semillas consideradas hipolipemiantes, y a controlar el nivel de azúcar en sangre.

Mención aparte merece su capacidad para combatir el cáncer. Gracias a su contenido en aminoácidos, puede ayudarnos a luchar contra algunos tipos de cáncer como el de colon, páncreas, la leucemia o los tumores fibroquisticos de mama. Concretamente, el responsable principal de esta cualidad es la canavanina, cuyo efecto antimetabólico, produce apoptosis (muerte celular programada) y potencia algunos tratamientos quimioterápicos.

Otros usos de la alfalfa

Esta especie destaca no sólo por sus aplicaciones medicinales que, como hemos visto, son muchas y muy variadas. También lo hace a nivel mundial como planta de forrajeo, es decir, de pasto o alimento para ganados. De hecho, en España es el cultivo forrajero con mayor extensión.

Su cultivo es algo peculiar, ya que esta planta se caracteriza por su autotoxicidad. Esto significa que la alfalfa tiene problemas para volver a crecer en el mismo lugar en el que ya ha existido un cultivo de alfalfa. Esto se produce porque las plantas adultas segregan una sustancia, llamada medicarpina, que reduce la germinación y el crecimiento del nuevo alfalfar. Expertos recomiendan esperar al menos 12 meses para replantar con alfalfa. Aunque este tiempo puede variar según el tipo y calidad del suelo. Normalmente, los suelos arenosos son más tóxicos a corto plazo que los suelos más fuertes.

Su ciclo vital va desde los 5 a los 12 años, aunque existen casos en los que puede alcanzar los 20 años, si las condiciones de cultivo son favorables.

Al igual que ocurre con la retama, esta especie es capaz de fijar el nitrógeno del aire y enriquecer con ello el suelo. Esto es posible gracias a las bacterias Sinorhizobium meliloti, que se encuentran en los nódulos de sus raíces. Estas bacterias producen alimento altoproteico, con independencia de la cantidad de nitrógeno que dispongan en el suelo, pues consiguen pasarlo del aire al suelo. Este hecho la convierte también en una gran aliada para la agricultura como fertilizante natural del suelo.