crisopa chrysoperla carnea

Crisopa o Chrysoperla carnea

Las crisopas o crisópidos son unos insectos voladores pertenecientes a la familia de Chrysopidae del orden Neuroptera. Aunque son fácilmente identificables, a menudo son confundidos con ejemplares de mosquito verde o Empoasca vitis. Sin embargo, lo cierto es que no tienen ningún parecido.

De hecho, mientras que el mosquito verde puede suponer un grave problema para los cultivos, especialmente el de vid o tomate, la crisopa es un insecto beneficioso. Este tipo de insecto alado se utiliza como control biológico para erradicar algunas plagas, aunque precisamente no está indicado para la eliminación de mosquito verde.

Características de la crisopa verde

Existen muchas especies de crisopas, aunque una de las más conocidas y habituales en Europa es la Chrysopa perla o Chrysoperla carnea. Los adultos de este ejemplar son de color verde brillante, ojos dorados y unas alas en las que se marcan visiblemente las venas. Pueden alcanzar un tamaño que ronda entre 1 y 3 centímetros.

Por su parte, las larvas de crisopa son de color gris tirando a marrones con fuertes mandíbulas que les permiten absorber todos los nutrientes de sus presas. Al igual que ocurre con las mariquitas, las larvas de crisopa son depredadores implacables de los pulgones. Las larvas no poseen alas; a cambio, cuentan con tres pares de patas perfectamente desarrolladas. Las larvas de crisopa pueden alcanzar hasta 8 milímetros de longitud, casi la mitad que sus adultos.

El pulgón no es el único insecto que está dentro de su dieta. Especialmente, las larvas de crisopa son feroces depredadores de araña roja, mosca blanca, trips y otros insectos de pequeño tamaño. Pueden llegar a consumir más de 400 pulgones en el estadio de larva.

Ciclo de vida de la crisopa

La hembra de crisopa pone los huevos en los troncos de los árboles o en las hojas, generalmente en el envés de las mismas. Los huevos pueden ser ovopositados en grupo o de forma aislada y solitaria. Estos huevos resultan inconfundibles, por su gran parecido con un alfiler. El huevo, que apenas mide 1 mm y es de forma alargada, está sujeto a la hoja o tronco a través de un pedúnculo que puede llegar a medir entre 5 y 10 milímetros. Con este mecanismo, se evita cualquier tipo de depredación y se asegura un mayor éxito en la puesta de huevos.

Los adultos se sienten atraídos por el olor de la melaza que producen los áfidos o pulgones, por lo que asentarán en las inmediaciones sus colonias y la primera puesta. Cada hembra de crisopa puede poner entre 400 y 500 huevos en cada puesta, teniendo 2 o 3 en toda su vida.

Una vez puestos, el huevo se va oscureciendo a medida que pasan los días. Al tercer día se produce la eclosión dando lugar a una larva de apenas 1 mm. Durante dos semanas las larvas irán creciendo hasta llegar a un tamaño definitivo de 8 milímetros, tras haber superado dos mudas y tres estadios larvales. 

En ese momento pasarán a la fase de pupa, para lo que construirán una cámara esférica de seda llamada capullo. Este receptáculo lo fabrican a partir de las secreciones de los tubos de Malpighi que salen de la apertura anal. Transcurridas dos semanas, nacerá el imago. Estos adultos pasarán el invierno enterrados entre la hojarasca.

Estilo de vida de los crisópidos

Estos insectos poseen costumbres crepusculares o nocturnas, lo que hace que se sientan atraídas por cualquier foco de luz. A pesar de las alas tan grandes que poseen, no son buenos voladores y únicamente pueden realizar vuelos bastante irregulares.

Los adultos de crisopa no son depredadores; se alimentan exclusivamente de polen y néctar, como las abejas. Además poseen un elevado grado de adaptabilidad a condiciones ambientales desfavorables y a amplias fluctuaciones de temperatura. Aunque lo cierto es que la actividad depredadora de las larvas se mantiene de forma estable cuando la temperatura se encuentra entre 12 y 35º C.

En cuanto a su habitad o ecosistema deseado, la crisopa no es especialmente exigente. Pudiendo colonizar casi cualquier lugar, aunque es mucho más fácil encontrarla en amplias extensiones de vegetación o zonas agrícolas.

Control biológico de la crisopa

El principal uso que se le da a estos insectos es el control biológico de algunas plagas que acechan a los cultivos. Dado que los adultos se alimentan exclusivamente de sustancias azucaradas, sólo las larvas son empleadas para este fin.

Los ejemplares que se comercializan pueden ser en forma aún de huevo, en cuyo caso se suelen suministrar en un medio inerte, como es la cáscara de arroz para facilitar su asentamiento en la nueva planta. En cambio, cuando se adquieren en estado larvario, deben venir separados en celdillas, ya que las larvas de crisopa son caníbales. A veces incluso las empresas encargadas de su comercialización, las ofrecen en botes con alforfón o trigo sarraceno lo que les ofrece espacios para esconderse unas de otras.

Las larvas de crisopa tienen atrofiados prácticamente todos sus sentidos a excepción del tacto, por lo que sólo pueden detectar a sus víctimas por contacto directo. Debido a esto, las larvas merodean aleatoriamente por la planta hasta que se topan con algún áfido que les sirva de comida. Una vez detectado, se valen de la técnica de la embestida, para después inyectarles unas enzimas gracias a sus puntiagudas mandíbulas. Una vez que el cuerpo del pulgón se ha disuelto, lo absorben a través de éstas. La larga cola que poseen les sirve como agarre y estabilizador en el momento del ataque.

Las crisopas pueden llegar a devorar hasta 200 áfidos a la semana, lo que les ha valido el nombre de “león de los áfidos”.