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La flor de lis: origen y simbología

La flor de Lis, a pesar de lo que sugiere, no guarda relación con el nombre de ninguna flor o planta. En realidad estamos ante un símbolo cuya historia se remonta al siglo V a.C. Sin embargo, es cierto que su origen y uso ha estado siempre vinculado a la flor de una planta mucho más conocida.

Esta forma heráldica, perteneciente al mundo de los escudos de armas, representa una flor con tres pétalos. El central es mucho más grande que los de los laterales y están rematados con una sujeción o abrazadera en lo que sería el tallo.

Diferencias entre el lirio y la azucena

Se cree que este símbolo es una representación de la flor del lirio, con la que guarda un gran parecido.

El término lirio hace referencia a una variedad de plantas pertenecientes al género Iris y otros similares de la familia de las iridáceas. Entre esos otros géneros encontramos el Lilium, al que pertenecen las llamadas azucenas. También la flor de alhelí o flor de alelí son integradas por el término lirio, aunque pertenezcan al género Pancratium.

Todas estas plantas se caracterizan por el gran parecido que mantienen sus flores. Sin embargo, las que poseen una mayor presencia en Europa son las del género Lilium o liliáceas. El Lilium candidum es probablemente una de las más conocidas, aunque lo es bajo su nombre popular “Lirio de San Antonio”.

En definitiva podríamos afirmar que las flores de las plantas del género Lilium suelen ser de mayor tamaño que las del género Iris. Aunque todas ellas poseen un alto grado de polen y un néctar exquisito para las abejas. Esta atracción no parece que sea casualidad y su conexión va mucho más allá de la simple polinización.

Origen y significado de la flor de lis

Una de las primeras veces que encontramos representada la flor de lis la encontramos en la civilización minoica. Concretamente, nos referimos al fresco del Palacio de Cnosos, conocido también como Príncipe de los lirios (en la época del Minoico Reciente II). Esta obra muestra la figura de un joven de perfil en un campo de lo que parecerían ser lirios. 

Años más tarde, también fue consagrada como emblema del mundo romano tardío y el bizantino. El lirio ha sido siempre considerado como una flor sagrada, símbolo de la realeza y la pureza. Precisamente por este motivo ha estado ampliamente representada en las iglesias de toda la historia. Desde los reinos romanos hasta los bárbaros, los visigodos e, incluso, los lombardos.

Sin embargo, uno de los orígenes y usos más representativos es, sin duda, la vinculación con el reino franco. Sobre este tema se han desarrollado numerosas leyendas. Una de las más conocidas, la de la Sagrada Ampolla. Cuenta la leyenda que el día que el rey franco Clodoveo I fue coronado en la Catedral de Reims, una paloma que descendió del cielo trajo consigo la llamada Sagrada Ampolla junto a un ramillete de lirios (o flores de lis). Este recipiente contenía el óleo con el que debían santificar y consagrar al rey, por lo que se le atribuyó al nombramiento un origen divino.

La primera vez que la flor de lis fue incorporada a un escudo, lo hizo a manos del rey Luis VII de Francia, perteneciente a la dinastía capeto. Esto provocó que desde aquél momento, la flor de lis fuera considerada como el emblema de los reyes de Francia. Y en el siglo XVI, pasó a formar parte del escudo de la dinastía Borbón. Esta influencia en la realeza francesa ha conseguido que la flor de lis haya entrado a su vez en la dinastía inglesa, bajo la casa Lancaster, y en España, presente en el monasterio de Santa María la Real de Nieva.

La flor de Lis y las abejas

Existe una teoría no contrastada hasta ahora que asegura que la flor de lis no es más que la estilización de la representación de una abeja. Aunque lo cierto es que fue Napoleón, quién decidió sustituir la abeja por la flor de Lis y no al revés.

Es ya sabido que, en el momento de la coronación de Napoleón, su manto imperial estaba tachonado con múltiples abejas de oro. Es curioso que decidiera adoptar las abejas como símbolo para distanciarse de la flor de Lis y la dinastía Borbón. Pero si nos remontamos todavía más años atrás, podremos descubrir que Carlomagno ya utilizaba la abeja como símbolo de la realeza

De hecho, dentro del mundo masónico, el panal de abejas representa dentro de la Orden, la organización y control central de las comunidades, todas regidas por la Casa de la Reina Madre. Es cierto que las colmenas mantienen una estrechísima relación con la forma hexagonal, con gran impacto en esta corriente, y que han sido siempre consideradas como símbolo de la inmortalidad y la resurrección. Aunque la masonería como organización surgió en el siglo XVIII, se ha señalado como precursores de este movimiento a figuras como Noé e, incluso, el mismísimo Adán. 

Todas estas anécdotas históricas le han dado a la flor de lis un auténtico aura de misterio y carácter legendario que perdura a pesar de los años.